Habían pasado unas cuantas semanas y la rutina se había vuelto un hábito. Todos los días a la hora que terminara clases en la universidad salía para mi casa a comer algo y llamar a Mathe. Habían veces que no me contestaba porque se encontraba jugando PES (Pro Evolution Soccer) o grabando partidos para su negocio de venta del futbol colombiano a un extraño de Argentina, para que él luego los vendiera más costosos a un contacto Europeo, del que siempre había tratado de preguntarle y siempre me evadía diciéndome no estas listo para saber. Cosa que me daba mucha rabia, porque él siempre me veía como alguien incapáz, como un conejito corriendo para salvarse de un tigre. Ahhh que feo era sentirse así por eso dejé de preguntarle sobre eso.

Recuerdo muy bien, era un jueves y se acercaba el famoso fin de semana que empezaba desde eese mismo día y que era tan añorado por nosotros porque siempre hacíamos de todo. Siempre, después de cada viaje íbamos a comer a la tienda de doña rosita una casita que se encontraba al frente de la unidad de Mathe y que especialmente sacaba empanadas, picada, chorizo los días jueves, viernes, sábados y domingos, además nos tenían cuenta propia. Ella nos anotaba en un cuadernito algo maltrecho lo que consumíamos (diez empanadas, dos picadas, dos gaseosas) todo lo que quisiéramos pedir menos licor y con la condición que pagáramos entre martes y miércoles de la otra semana. La ventaja es que nuestros padres nos daban el dinero de la universidad empezando semana y podíamos pagar la cuenta para luego volvernos a endeudar. Para que digo mentiras nuestro fin de semana era eterno empezaba desde el lunes si nos sentíamos bien, sino desde el martes y la rutina era darse una vuelta por el barrio luego ir a parque mirar el atardecer o las estrellas, comer en la tienda de Rosita lo que fuera y después de ésto sacar los culitos para hacer algo diferente. Obviamente era mejor los fines de semana, pues uno no tenía ese cargo de conciencia de saber que al otro día debíamos ir a la universidad.
A Mathe le encantaba estar con viejas fueran de aquí, de allá de cualquier lado y cuando había con que, él decía que nos íbamos donde las tías, pero a mi no me gustaba para nada eso. La primera vez que escuché eso, ingenuamente pensé que eran las tías de Mathe pero no era así y cuando llegamos donde las tías, qué sorpresa la que me llevé era una casa de citas o como se dice en la calle una casa de las putas.
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