viernes, 20 de agosto de 2010

Tipos de narradores

Narrador Autodiegético:

Su nombre es Andrés uno de mis mejores amigos hasta ahora en la universidad, cada vez que nos vemos hablamos de su familia y de la mía, pero también de lo que hacemos cada vez que salimos a tomarnos un par de tragos recordando qué tan bueno es ese momento. 



Narrador Extradiegético:

La mañana del 4 de octubre, Gregorio Olías se levantó más temprano de lo habitual. Había pasado una noche confusa, y hacia el amanecer creyó soñar que un mensajero con antorcha se asomaba a la puerta para anunciarle que el día de la desgracia había llegado al fin.

Luis Landero, Juegos de la edad tardía

Narrador Intradiegético:

Hace muchos años tuve un amigo que se llamaba Jim, y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano más triste. Desesperados he visto muchos. Tristes como Jim, ninguno. Una vez se marchó a Perú, en un viaje que debía durar más de seis meses, pero al cabo de poco tiempo volví a verlo.

Roberto Bolaño, Jim


Narrador Metadiegético:

La arrojé al Tigris, como he dicho, y como nadie me vio, pude volver a casa. Y encontré a mi hijo mayor llorando, y aunque estaba seguro de que ignoraba la muerte de su madre, le pregunté: "¿Por qué lloras?" Y él me contestó: "Porque he cogido una de las manzanas que tenía mi madre, y al bajar a jugar con mis hermanos, en la calle, ha pasado un negro muy grande y me la quitó, diciendo: "¿De dónde has sacado esta manzana?" Y le contesté: "Es de mi padre, que se fue y se la trajo a mi madre con otras dos, compradas por tres dinares en Bassra. Porque mi madre está enferma." Y a pesar de ello, el negro no me la devolvió sino que me dio un golpe y se fue con ella. ¡Y ahora tengo miedo de que la madre me pegue por lo de la manzana!"

En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Las mil y una noches.

viernes, 13 de agosto de 2010

Los recuerdos de Mathe

Habían pasado unas cuantas semanas y la rutina se había vuelto un hábito. Todos los días a la hora que terminara clases en la universidad salía para mi casa a comer algo y llamar a Mathe. Habían veces que no me contestaba porque se encontraba jugando PES (Pro Evolution Soccer) o grabando partidos para su negocio de venta del futbol colombiano a un extraño de Argentina, para que él luego los vendiera más costosos a un contacto Europeo, del que siempre había tratado de preguntarle y siempre me evadía diciéndome no estas listo para saber. Cosa que me daba mucha rabia, porque él siempre me veía como alguien incapáz, como un conejito corriendo para salvarse de un tigre. Ahhh que feo era sentirse así por eso dejé de preguntarle sobre eso.

Recuerdo muy bien, era un jueves y se acercaba el famoso fin de semana que empezaba desde eese mismo día y que era tan añorado por nosotros porque siempre hacíamos de todo. Siempre, después de cada viaje íbamos a comer a la tienda de doña rosita una casita que se encontraba al frente de la unidad de Mathe y que especialmente sacaba empanadas, picada, chorizo los días jueves, viernes, sábados y domingos, además nos tenían cuenta propia. Ella nos anotaba en un cuadernito algo maltrecho lo que consumíamos (diez empanadas, dos picadas, dos gaseosas) todo lo que quisiéramos pedir menos licor y con la condición que pagáramos entre martes y miércoles de la otra semana. La ventaja es que nuestros padres nos daban el dinero de la universidad empezando semana y podíamos pagar la cuenta para luego volvernos a endeudar. Para que digo mentiras nuestro fin de semana era eterno empezaba desde el lunes si nos sentíamos bien, sino desde el martes y la rutina era darse una vuelta por el barrio luego ir a parque mirar el atardecer o las estrellas, comer en la tienda de Rosita lo que fuera y después de ésto sacar los culitos para hacer algo diferente. Obviamente era mejor los fines de semana, pues uno no tenía ese cargo de conciencia de saber que al otro día debíamos ir a la universidad.

A Mathe le encantaba estar con viejas fueran de aquí, de allá de cualquier lado y cuando había con que, él decía que nos íbamos donde las tías, pero a mi no me gustaba para nada eso. La primera vez que escuché eso, ingenuamente pensé que eran las tías de Mathe pero no era así y cuando llegamos donde las tías, qué sorpresa la que me llevé era una casa de citas o como se dice en la calle una casa de las putas.

viernes, 6 de agosto de 2010

La habitación de colores

La Cra 66 era el único obstáculo que nos separaba del parque y había que cruzar dos grandes calles, cada una de dos carriles y además de esto pasar por un puente algo viejo y oxidado. Los vehículos que andaban a altas velocidades por esta transitada vía, hacían la llegada al puente uno de los más grandes retos, pues cada vez que tratábamos de cruzarla para los carros aumentaban su velocidad, como si una estampida de toros nos arrollara, muy parecido al carnaval de San Fermín en España.

Logrando llegar al puente, después de esa estampida, podíamos sentir el olor proveniente del caño, algo muy molesto que casi nos hacia vomitar cada vez que lo cruzábamos, como este recorrido había que hacerlo de ida y de venia tanto para llegar a casa de Mathe como para ir al parque, se tornaba muy molesto. Ya en el otro lado de la calle podíamos seguir nuestro recorrido tranquilamente al parque. Pasábamos por un conjunto residencial en donde me sentía intimidado por las miradas de las personas provenientes de este lugar, yo le preguntaba a Mathe el por qué de esto, y me miraba rápidamente diciéndome entre dientes -movete que esta gente es muy escandalosa-. Al escuchar eso me preocupe de inmediato porque sabia que los chismes volaban y unos es tan de malas que mínimo se encuentra a alguien conocido en ese preciso instante. Caminé muy rápido y silencioso siguiendo el paso de él. A medida que nos adentrábamos más para llegar al parque, le hacía una serie de preguntas como para colocar tema y disminuir un poco la tensión, pero me di cuenta que él estaba molesto por algo y no sabía si era por mi presencia o por las miradas de las personas de la unidad. En fin ese lado oscuro e indescifrable de Mathe me ponía algo impaciente y me hacía sospechar de él, como si escondiera algo, como si le molestara la vida y lo noté desde el mismo instante en que me ofreció gotas para los ojos.

Finalmente pude divisar el parque, pero aún no nos encontrábamos en él pues nos separaba una gran montaña y se encontraba rodeado de un cerco con alambre de púas. ¿Quién iba a imaginar que detrás de tan descomunal masa de tierra se encontraba la habitación de Mathe? Un mundo que el mismo había considerado como su lugar de resguardo a todos los problemas, tristezas y malos sueños, un mundo en el cual se encontraba rodeado de todos los seres que lo querían, sus amigos. Al entrar en esta habitación imaginaria, él sentía que las personas que lo rodeaban ya no eran extraños, que era algo distinto y muy colorido, a diferencia de la calle y las personas que se encontraban en ésta. Estaba rodeado de árboles, había una cancha de futbol y en frente de ésta una gradería a la cual Mathe consideraba como su cama. También había un circuito para hacer ejercicio y uno que otro juego que los amigos de Mathe utilizaban para hacer gimnasio. Pero tengo que aceptarlo, el lugar que más le gustaba a él era bajo un arbolito con pedazos de troncos para sentarse y poder observar el cielo y las formas que dan éstas en el día y en la noche. Le encantaba ver el cielo las estrellas y contar historias, reírse, preguntarle a cada uno de sus amigos, que él sentía como de su familia, como les estaba yendo y que hacían por sus vidas como si fuera una reunión, en una gran mesa de centro y lo que había para compartir era marihuana y otro tipo de drogas pero que él no consumía y yo por ser mi primera vez menos. Habían pasado treinta minutos y Mathe me dijo que nos apartáramos del grupo, entonces fuimos los dos a una silla, pero antes de llegar a ella pasamos por donde el Gringo un jíbaro muy reconocido en este sitio. Él era alto, con barba de tres días y con ropa grande como los Americanos. Compramos dos baretos de cripaja cada uno tenia un valor de dos mil pesos y se veían muy grandes, como yo era nuevo en el tema pero me había hecho pasar como si ya lo hubiera hecho, no dije nada para que no pensaran mal de mi y mucho menos ahora que mi nuevo amigo ya había hecho el negocio. Nos fuimos a sentar en la banca mas lejana del sitio donde casi no daba luz, nos sentamos y Mathe me dijo que lo prendiera lo tomé y le pedí una candela pero como no había entonces él fue por una prestada, mientras yo me quedé solo por unos segundos observándolo y aprendiendo de esa experiencia nueva y sorprendente. Llegó Mathe y me dio la candela la tomé y lo prendí, me temblaban las manos y sudaban del miedo porque sabía que prenderlo era una prueba. Me vio y me dijo, no lo sabes prender entonces me lo arrebató de las manos y lo encendió sin colocar ningún problema o decir nada mas.