La Cra 66 era el único obstáculo que nos separaba del parque y había que cruzar dos grandes calles, cada una de dos carriles y además de esto pasar por un puente algo viejo y oxidado. Los vehículos que andaban a altas velocidades por esta transitada vía, hacían la llegada al puente uno de los más grandes retos, pues cada vez que tratábamos de cruzarla para los carros aumentaban su velocidad, como si una estampida de toros nos arrollara, muy parecido al carnaval de San Fermín en España.
Logrando llegar al puente, después de esa estampida, podíamos sentir el olor proveniente del caño, algo muy molesto que casi nos hacia vomitar cada vez que lo cruzábamos, como este recorrido había que hacerlo de ida y de venia tanto para llegar a casa de Mathe como para ir al parque, se tornaba muy molesto. Ya en el otro lado de la calle podíamos seguir nuestro recorrido tranquilamente al parque. Pasábamos por un conjunto residencial en donde me sentía intimidado por las miradas de las personas provenientes de este lugar, yo le preguntaba a Mathe el por qué de esto, y me miraba rápidamente diciéndome entre dientes -movete que esta gente es muy escandalosa-. Al escuchar eso me preocupe de inmediato porque sabia que los chismes volaban y unos es tan de malas que mínimo se encuentra a alguien conocido en ese preciso instante. Caminé muy rápido y silencioso siguiendo el paso de él. A medida que nos adentrábamos más para llegar al parque, le hacía una serie de preguntas como para colocar tema y disminuir un poco la tensión, pero me di cuenta que él estaba molesto por algo y no sabía si era por mi presencia o por las miradas de las personas de la unidad. En fin ese lado oscuro e indescifrable de Mathe me ponía algo impaciente y me hacía sospechar de él, como si escondiera algo, como si le molestara la vida y lo noté desde el mismo instante en que me ofreció gotas para los ojos.
Finalmente pude divisar el parque, pero aún no nos encontrábamos en él pues nos separaba una gran montaña y se encontraba rodeado de un cerco con alambre de púas. ¿Quién iba a imaginar que detrás de tan descomunal masa de tierra se encontraba la habitación de Mathe? Un mundo que el mismo había considerado como su lugar de resguardo a todos los problemas, tristezas y malos sueños, un mundo en el cual se encontraba rodeado de todos los seres que lo querían, sus amigos. Al entrar en esta habitación imaginaria, él sentía que las personas que lo rodeaban ya no eran extraños, que era algo distinto y muy colorido, a diferencia de la calle y las personas que se encontraban en ésta. Estaba rodeado de árboles, había una cancha de futbol y en frente de ésta una gradería a la cual Mathe consideraba como su cama. También había un circuito para hacer ejercicio y uno que otro juego que los amigos de Mathe utilizaban para hacer gimnasio. Pero tengo que aceptarlo, el lugar que más le gustaba a él era bajo un arbolito con pedazos de troncos para sentarse y poder observar el cielo y las formas que dan éstas en el día y en la noche. Le encantaba ver el cielo las estrellas y contar historias, reírse, preguntarle a cada uno de sus amigos, que él sentía como de su familia, como les estaba yendo y que hacían por sus vidas como si fuera una reunión, en una gran mesa de centro y lo que había para compartir era marihuana y otro tipo de drogas pero que él no consumía y yo por ser mi primera vez menos. Habían pasado treinta minutos y Mathe me dijo que nos apartáramos del grupo, entonces fuimos los dos a una silla, pero antes de llegar a ella pasamos por donde el Gringo un jíbaro muy reconocido en este sitio. Él era alto, con barba de tres días y con ropa grande como los Americanos. Compramos dos baretos de cripaja cada uno tenia un valor de dos mil pesos y se veían muy grandes, como yo era nuevo en el tema pero me había hecho pasar como si ya lo hubiera hecho, no dije nada para que no pensaran mal de mi y mucho menos ahora que mi nuevo amigo ya había hecho el negocio. Nos fuimos a sentar en la banca mas lejana del sitio donde casi no daba luz, nos sentamos y Mathe me dijo que lo prendiera lo tomé y le pedí una candela pero como no había entonces él fue por una prestada, mientras yo me quedé solo por unos segundos observándolo y aprendiendo de esa experiencia nueva y sorprendente. Llegó Mathe y me dio la candela la tomé y lo prendí, me temblaban las manos y sudaban del miedo porque sabía que prenderlo era una prueba. Me vio y me dijo, no lo sabes prender entonces me lo arrebató de las manos y lo encendió sin colocar ningún problema o decir nada mas.
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