Hace tres meses empecé una historia de la cual hasta el momento saben algunas cosas de mi pero sin saber como soy o como me llamo, pues bien voy a empezar por el principio. Mi nombre es Samir pero para mis amigos soy el Chaval y en algunos casos el Tío dependiendo de cómo la gente me quiera decir, tengo 20 años, mido 1 metro con 81 centímetros, blanco, ojos color café claros, pelo color castaño, ondulado y corto. Me encanta la comida, beber y disfrutar el tiempo libre con las personas que conozco e incluso con las que voy a conocer. Pero debo aceptarlo, soy tímido cuando siento que no he podido entrar en confianza, entonces me demuestro muy callado y reservado. Por eso hay quienes me describen como serio, callado o hasta antipático, pues como no les hablo creen que yo me siento de mejor familia. Y les digo la verdad, es todo lo contrario, soy muy sencillo y honesto y no me pego de esas bobadas de las que viven algunas personas. Vivo con mi hermano y mi abuela y me encantan esos trozos de carne asada que ella me sirve todos los domingos al almuerzo. Es que esa salsita que suelta la carne cuando cae en el plato, me fascina, y su olor, tan sólo con imaginarlo ya me dio hasta hambre.
Por lo general soy muy solitario, paso mi tiempo libre viendo cine europeo y fumando cigarrillo con un buen café que nunca me abandona. Mi filme favorito es “Secretos del corazón” una historia de dos niños inocentes que tratan de descubrir los secretos que habitan en un cuarto oscuro en lo alto de la montaña. Su ingenuidad y misma curiosidad los hace llegar al fondo de esa rara habitación donde pueden escucharse las voces de los muertos. Ojala algún día un muerto me hablara y entonces yo le preguntaría cómo se encuentran mi mamá y papá. Ellos murieron hace varios años en un accidente de tránsito mientras volvían de la fiesta de cumpleaños de su mejor amigo Eduardo. No se imaginan cuánto los extraño. Desde ese entonces mi hermano siempre quiso estar a mi lado, me buscaba en las noches para que durmiéramos juntos pero desde hace un tiempo, ha dejado de hablarme, me ignora y a veces me observa en silencio, pero mientras lo hace, su cara me expresa cierto desprecio al cual no le encuentro ningún fundamento. Por eso decidí comprarme un loro verde con pecho rojo, un animal muy singular pero a la vez muy extravagante. Le enseñé palabras y pedazos de canciones, observa mis movimientos y me grita cuando sabe que son muy misteriosos porque le encanta darse cuenta de todo. Pasa la mayoría del tiempo al frente de la ventana de mi cuarto y tararea canciones antiguas. A veces conversa con mi vecino ciego y él piensa que mi loro Lorenzo es un niño que vive en mi casa y que apenas está aprendiendo a hablar porque siempre repite las mismas frases: “¿Comó se encuentra?”, “Mi nombre es Lorenzo”. Me paso horas enteras en mi cama recordando la forma tan seria en que el vecino le habla a mi loro, es muy chistoso.
Pienso que no hay nada mejor que tener un buen confidente al lado, una persona que se muestre tal y como es, alguien que escuche las palabras y sepa interpretarlas pero mejor que eso alguien que entienda sobre las diferencias que hay en el planeta. Hace varios años conocí una mujer que me cautivó con su mirada y sus labios intenté acercarme en varias ocasiones pero ella siempre me rechazó, ni siquiera quiso conocerme un poco o tan solo brindarme el saludo. Ella era delgada, de pelo castaño oscuro y unos ojos grandes y expresivos, pero su mayor defecto, no toleraba las diferencias. Y como yo siempre fui poco normal en el colegio porque no me gustaba estar gritando ni hablando, sólo opinaba cuando hablaban del espacio exterior, de las estrellas, de los planetas y meteoritos y terminaba mis frases expresando que deseaba que un muerto me hablara, entonces imagínense la cara de ella y el desprecio tan grande que siempre me brindó.
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